Capítulo Cinco: Purgatorio y cenizas
Finalizaba la primavera de 1925. Pronto serían las navidades, y Angustias decidió que era momento de flexibilizar el luto riguroso que hasta entonces había mantenido por la muerte del Capitán. Ordenó a Matilda preparar el vestuario formal, en tonos oscuros que había encargado meses antes para el verano. Una vez levantado el luto, y aunque guardando las formas de viuda reciente, podría comenzar a recibir visitas masculinas sin necesidad de guardar apariencias. Era imperioso que así fuera.
Una vez enterrado al Capitán, el inventario de su herencia había sido francamente decepcionante. El chalet de Campana, dos pequeños departamentos desvencijados en el barrio de La Boca, frente al río y treinta y siete mil pesos moneda nacional en una cuenta de ahorros del Banco de la Nación Argentina. Angustias, con rapidez y discreción, había vendido las propiedades, pero la liquidez resultante tampoco sería suficiente para un largo período de tiempo.
Ya establecida su condición de viuda y finalizada la sucesión de los bienes del Capitán, Angustias comprendió que sería necesario un segundo matrimonio, esta vez lejos de las armas, que las cargaba el diablo. Decidió que debería ser un hombre mayor, sin hijos y con una buena posición económica y social. Con veintinueve años Angustias continuaba siendo una mujer extremadamente bella, y era considerada en sociedad como una persona de relativa alcurnia, finos modales y razonablemente acaudalada. Estaba segura de que no tardaría en encontrar nuevos pretendientes, y esta vez estaba decidida a elegir mejor. Al fin y al cabo, la juventud no sería eterna, y Angustias lo sabía muy bien.
Dio instrucciones a Matilda y al resto del servicio de quitar los crespones negros de los cuadros, desempolvar a fondo los muebles y abrir las puertas y ventanas para ventilar la casa y espantar así la presencia constante del muerto, precedida siempre por el silencio acusador que la acosaba tras los rincones, entre las cortinas y bajo los manteles. Mandó retirar del altillo los uniformes de gala del Capitán, y vaciar el estudio de libros, sables y armas de fuego. Los uniformes y las armas fueron subastados sin demasiada pompa a través de un merchante de poca monta, conocido de Angustias a causa de antiguos trapicheos y discretas operaciones de compra venta de los restos principescos de su ajuar de recién llegada. Con los libros, ropa de calle y resto de efectos personales del Capitán se hizo una donación anónima a varias organizaciones protectoras de desamparados, cuidando especialmente la fragmentación en diversos paquetes y la eliminación a conciencia de cualquier indicio que permitiera en el futuro identificar al anterior propietario. Una vez finalizada la purga, María de las Angustias se encontró con un importante montón de objetos que no podía vender ni regalar. Cuadros y fotos de familia del Capitán, cuadernos de anotaciones personales, condecoraciones del Ejército de Tierra, pañuelos bordados con su nombre, trofeos de esgrima y demás enseres personales fueron quemados en una hoguera íntima que se realizó en el patio de la casa de Angustias, sobre el fogón en el que el Capitán gustaba de asar carnes rojas los domingos de buen tiempo.
Angustias se sorprendió a sí misma, una vez terminado el ritual purificador, siendo consciente de que no le producía la menor tristeza ni la menor alegría. Solamente encontró en su alma un rescoldo de alivio, y el inicio de un buen camino para un sano olvido. Matilda preguntó si también arrojaba al fuego las fotos tomadas después de la boda y el certificado de matrimonio, y al asentir con la cabeza, Angustias comprendió que el Capitán había desaparecido definitivamente de su vida. Su recuerdo se disipó junto al humo de la hoguera.
* * *
El 10 de febrero de 1926 fue un día inolvidable para Angustias. No era fácil estimarlo, pero seguramente había varios miles de personas en el aeroparque de Buenos Aires cuando el Comandante Ramón Franco tomo tierra con su aeronave, el Plus Ultra. Era toda una proeza. Por primera vez, aunque con varias escalas desde su partida del puerto de Palos el 22 de enero, se conseguía unir España y Argentina por vía aérea. Angustias no pudo evitar recordar las penurias de su travesía marítima, casi eterna, apenas siete años antes. Hacía poco había leído en el periódico que un escocés loco conseguía transmitir imágenes en movimiento a través del aire1, utilizando un invento del demonio al que llamó televisión, y ahora se podía ir de España a la Argentina nada menos que volando. ¿Qué sería lo próximo? Angustias estaba segura de que ya no quedaba nada por inventar en este mundo.
El segundo acontecimiento que marcó definitivamente esa fecha en el calendario de su vida ocurrió después de que un destacado estudiante de escuela secundaria, llamado Arturo Frondizi, leyera un emotivo discurso en el aeroparque, sobre las promesas y virtudes de la navegación aérea. Había acudido allí invitada por Elena Bellaterra, esposa de un antiguo camarada de armas del Capitán, que parecía haberle tomado aprecio desde su viudez, y constantemente la invitaba a cuanto evento social se producía, para asegurarse – decía – que una mujer tan bella y joven como Angustias no se sepultaría bajo un luto eterno y prematuro. Desconocía, por supuesto, que no había nada más lejano de su ánimo y sus deseos de viuda que guardar luto por el marido muerto.
Varias horas después del aterrizaje, departían en una tertulia informal en el café Tortoni, a donde habían acudido luego del acto conmemorativo a tomar el té en compañía de varias personas hasta entonces desconocidas para Angustias. A su lado se sentó don Esteban Florián Giménez del Río, Subdirector General del recientemente formado Banco de Crédito Argentino y distinguido caballero. Llevaba ese día un sombrero negro, de ala baja, y un traje de tres piezas impecable, con el chaleco cruzado por una cadena de oro de la que pendía un reloj del mismo metal, cuya tapa se abría automáticamente al pulsar un resorte, gesto aquél que el banquero hacía con frecuencia, convencido de que reforzaba su aspecto respetable y su posición social. Llevaba un bastón oscuro de madera de cerezo con empuñadura de plata que le proporcionaba un aire intachable, y si bien las buenas costumbres le impedían cortejar abiertamente a María de las Angustias, que le había causado una fuerte impresión, no tuvo reparos en ser pródigo en simpatía y recursos de buena conversación. Estuvo alegre y encendido, e impresionado por la belleza de la Gaditana, hasta se atrevió a ensayar algunos chistes que, contados con gracia y garbo, hicieron reír de buena gana a la concurrencia.
Angustias supo interpretar la oportunidad, y enterada rápidamente de su oficio de banquero, aprovechó la circunstancia para hacerle algunas preguntas intencionadas acerca de cómo ordenar sus finanzas, fingiendo desconocimiento y verdadera torpeza mercantil. Ni lerdo ni perezoso, el financiero le entregó su tarjeta de visita, invitándola a verse la semana entrante, asegurándole que estaría encantado de asesorarla en sus finanzas, y que, por descontado, ponía el Banco de Crédito Argentino a sus pies.
- No sé si me atreveré a aceptar su ofrecimiento. Por instinto temo a los hombres poderosos. – dijo María de las Angustias al despedirse del banquero. El hombre no supo responder, limitándose a dibujar un beso silencioso con los labios sobre los guantes de gamuza de la gaditana, para inmediatamente después dejarse subyugar por su mirada violeta e infinita.
- Baird ofreció la primera demostración pública del funcionamiento de un sistema de televisión a los miembros de la Royal Institution y a un periodista el 26 de enero de 1926 en su laboratorio de Londres. Ver: Televisión mecánica, el disco de Nipkow y la rueda fónica ↩






Felicitaciones, y, salvando las distancias,porque Chico Buarque escribe sobre todo canciones, me haces acordar un poco a el.Muchas de sus canciones se refieren a sentimientos femeninos, y lo hace magistralmente. Esto promete mucho.Gracias
Gracias
Siempre es lindo escuchar que lo que hago hace acordar a lo que hace alguien que lo hace maravillosamente. Los sentimientos femeninos son un mundo apasionante, aunque es muy difícil sentir que uno escribe sobre ellos desde un lugar correcto, pero al menos intento conseguir que sea respetuoso.
Beso,
Federico
CADA VEZ ME APASIONA MAS. BESOS
Jo, Vida, me vas poniendo el listón muy alto!
Gracias por leer.
Beso,
Pilo